Semilla

A Oscar, Johann y Jaime.

 

Llegué a la poesía en el innoble camino
de la adolescencia.

Nauseas provocadas
por la fluidez del verso
eran aplacadas
por mi áspera densidad prosaica.

Llegué a la poesía
en un innombrable viaje dantesco
de ráfagas de textos
de prosa violentamente
desesperada.

Pero llegué
y ella me sedujo,
me sedujo a lo lejos
con el intenso perfume de las rosas
embalsamando todos mis complejos.

Y entró,
con la puerta abierta
y la hice en mí un templo.
Ella agitaba
con ligera brisa
la tinta de todos mis cuadernos.

Mis primeros poemas
desprendían un intenso olor a lilas:
era el aroma infantil
y delicado de mis versos.

Y me enamoré de su paisaje,
de sus campos alemanes,
del amor no correspondido
que aun incitándome al abismo
me revestía con cariño
y me entregaba una pistola
y un frac amarillo.

Y así en mi habitación,
a punto de decirle adiós a todo,
una voz me dijo:

Ven. Salgamos fuera. La noche.
Semejante a un dios entre los hombres
conocí al que sería mi compañero de viaje.

Y me enseñó la inmensidad de un cuerpo,
la intensidad de un cuerpo,
la Odisea en las entrañas del instante.

Y cuando llegó la oscura noche
y se afianzó en mi tórax muerto
apartó la dulce caricia dilatada
y exhaló en mi mente
ese poderoso abrazo en que romperme.

Desde entonces
cuando me encuentro en el preciso instante
en el que deseo ceder
y romperme en trozos
irrumpe un cuerpo dentro
de mis manos
y derrama entre mis dedos
versos por los que deseo
seguir viviendo.

Ethon

T’odio i t’estimo
i no em preguntis, amor,
com és
si només saps estimar-me a punyalades
i arrencar-me el cor
per regalar-te’l.

T’odio i t’estimo
amb tota la passió lisèrgica del món,
t’adoro en el record
i el propago més enllà de la parla.

Llargues glopades d’ànsia morta
devoro pel present maravellós
que no em dónes
i superes.

No em peguntis, amor,
perquè t’estimo
si acaricio el teu cos
mentre devores el meu fetge
a queixalades.
 

Paris Bleu

                                                                                                          Música de Carla Collado.

A Mireia.

Se dilatan mis sentidos
cuando me adentro entre tus átomos
y tu luz en armonía
propaga la calma en tu reinado

Sabes a alegría universal,
hueles a poema sideral.

Somos una nueva cosmogonía
de arte y poesía boreal
Fundamos una genealogía
de artistas más real

En Paris hoy suena tu canción
y la vida contigo es de otro color
el azul de las avenidas
asciende hasta el cielo
pero bajemos al infierno
con Rimbaud.

Haces llover todo París
cuando te marchas
pero has dejado una resaca
de felicidad en mi

Contigo el mundo es azul
y tu color  propaga
de este a oeste tu luz

Sabes a alegría universal,
hueles a poema sideral.

En Paris hoy suena tu canción
y la vida contigo es de otro color
el azul de las avenidas
asciende hasta el cielo
pero bajemos al infierno
con Rimbaud.

 

 

 

33

A medio camino de la vida
se encuentra un digresivo retroceso
de todos los orígenes del hombre.

Un limbo bañado en tedio,
repleto de deseo vacío,
arranca todos sus valores

y los rompe.

En medio del camino de la vida
hay un punto estático que hace
a todos los hombres semejantes.

Todos sollozan
con una soledad horrorosa
por palpar un vacío
en su origen y destino

Porque solo hay un camino,
ante tanta metáfora gastada,
llenar toda esta nada
prostituyendo el bolsillo.

Entre el origen y el cierre,
solo hay un sendero

el matadero.

 

 

 

Infrapoetas

                                              A lxs poetxs de los 4 versos
en una foto estética.

La soledad del número primo
de tu verbo
es también recuerdo
cuando verso entre delirios.

Soy el Metapoema,
arranco entrañas con enemas,
escatológico como un niño.

Y rimo sin sentido:
pues en lo posmoderno todo vale
y todo es circo.

Así que a la mierda los poetas
los antiguos
y los vivos.

Letrados resentidos
os han metido
Simbolismo erecto
por el recto
y vuestro verso se ha caído.

Y así enmudecen,
se agitan y erosionan
devorados por el soma
que despedaza su persona.

Y así se ahogan
entre naufragios de litronas
desbordándose en su boca.

Así que a la mierda los poetas
los antiguos
y los vivos.

Yo soy su gonorrea
me inyecto en su norma
y la conquisto.

Y se pudren en su verborrea
escribiendo
resentidos
genocidios.

Prometeo o la voluntad de la luz

 

He vagado por nuestras calles
para destrozarme.
Te he invocado
con desesperación.
Te he idealizado como a un dios
y he sido tu mártir.

Y de tanta penitencia
he renegado de ti
y me he pedido perdón.

Lamento mi error
pero ya no me duele
la culpa.

Yo también fui feliz conmigo
cuando me querías,
pero dejé de escribir.
Me sequé.

Hoy no paro de hacerlo.
Sufro escribiendo
pero sé que eso implica vivir.
Tu nunca quisiste sufrir.
No digo que yo lo hiciera mejor,
pero a mi al menos
no me doy miedo
esperar el golpe.

Quiero sanar la gran brecha

que hiciste

y que haces.

Voy a extirparte
como a un tumor,
soportar el dolor
y hacerme más fuerte.

Así que ya no me refugio
y dejo que las olas golpeen.

Que todo duela
y no importe.
que todo me rompa,
me sople.

Esto es un réquiem por ti,
estoy esperando el día que te seques
aquí dentro
y pueda estriparte,
soltarte.

Dejarte ir.

Y aun así,
siempre serás el águila
que devore
todas las noches
mi hígado.

Que habría pasado si tu nunca te hubieras puesto en medio.

No te tengo delante,
no te estoy mirando
ni estoy a punto de besarte
pero

ojalá lo hiciera.
Te imagino con uno de esos vestidos blancos primaverales,
tu sombrero
y tus gafas.
Aún mantienes tu pelo corto y estás preciosa mientras vamos en bici,
por Paris.
En el cesto, guardas libros de segunda mano que acabamos de comprar.
Es un día soleado y hemos salido a la calle a disfrutarlo
porque vivimos bajo un cielo nublado,
es París.
Huele a polen y hay abejas por los jardines de los parques en que pasamos.
Te giras para verme mientras sonríes y dices algo para molestarme,
cariñosamente.
Pero no te escucho.
Estoy demasiado ocupada
pensando en cómo es posible que quisiera a otras personas
antes que tú.

Pienso
en todos los cuerpos que pasaron por mi vida
y que una vez amé,
-o no
hasta llegar donde estoy hoy,
aquí, contigo,
en un domingo cualquiera.

Pienso
en que ojalá no hubiera sido necesario
vivir todos aquellos amores,
más o menos tristes,
para llegar a ser exactamente lo que fui
cuando nos conocimos.
Pienso
en que ojalá no hubiera estado con cualquiera
por mi falta de amor,
en que ojalá no me hubiera creído enamorada tantas veces.

Así,
dándome cuenta con el tiempo,
que todo lo idealizaba en mi cabeza.

Por eso,
te miro y pienso
en todas las personas que una vez amé,
deseando que llevaran tu nombre
antes de conocerte.

-Te miro la nariz y sonríes, vuelves a decir algo, pero no puedo escucharte.-

Pienso en que habría pasado
si aquel día
no hubieras decidido ponerte en medio.

Supongo que habría seguido siendo feliz,
haciendo otras cosas,
en otra realidad muy distinta.

Jamás hubiera llorado tanto,
ni me habría traicionado tanto a mí misma.

Jamás le hubiera roto el corazón a nadie.
Y jamás me hubiera sentido en ruinas.

Pero lo hiciste
y no pude hacer oídos sordos a la música de aquel túnel.

Así lloramos,
así ardimos.

Y tras un soplo
nos dispersamos como ceniza.
-Estás leyendo tu libro recostada en un árbol, ya vencida por mi falta de atención.-
Pienso,
en qué habría pasado
si jamás te hubieras puesto en medio

Jamás habría crecido tanto
en tan poco tiempo.

Jamás habría aprendido tanto –de alguna forma-
de alguien que –no- solo
me aportaba caos,
en un primer momento.

Jamás habría sentido ese perdón
esa paz,
ese abrazo,
esa disculpa,
a pesar de todos–todos- mis errores.

Jamás podría haber descubierto
que había una persona en el mundo
que podría llegar a quererme así…

Enamorándose de mis errores
en mis aciertos
y de mis aciertos
en mis errores.

-Y así me di cuenta que ya no me importaba que hubiera pasado, porque ya nunca lo sabría.-

Así que
te miro mientras lees
y pienso…

Pienso en hubiera pasado
si tú nunca hubieras decidido ponerte en medio.

Y supongo que se resume en esto:

Que nunca habríamos estado aquí,
en París,
viviendo de poema en poema.

Así que
pienso que aunque no renuncie
y eche de menos a aquel presente que me arrebataste
–que dejé que lo hicieras-,
tengo suerte de este futuro contigo.

Tengo suerte de que te pusieras en medio.

Si tú nunca te hubieras puesto en medio,
no estaríamos aquí –París-,
y yo jamás estaría imaginándome esto.