Infrapoetas

                                              A lxs poetxs de los 4 versos
en una foto estética.

La soledad del número primo
de tu verbo
es también recuerdo
cuando verso entre delirios.

Soy el Metapoema,
arranco entrañas con enemas,
escatológico como un niño.

Y rimo sin sentido:
pues en lo posmoderno todo vale
y todo es circo.

Así que a la mierda los poetas
los antiguos
y los vivos.

Letrados resentidos
os han metido
Simbolismo erecto
por el recto
y vuestro verso se ha caído.

Y así enmudecen,
se agitan y erosionan
devorados por el soma
que despedazan su persona.

Y así se ahogan
entre naufragios de litronas
desbordándose en su boca.

Así que a la mierda los poetas
los antiguos
y los vivos.

Yo soy su gonorrea
me inyecto en su norma
y la conquisto.

Y se pudren en su verborrea
escribiendo
resentidos
genocidios.

Prometeo o la voluntad de la luz

 

He vagado por nuestras calles
para destrozarme.
Te he invocado
con desesperación.
Te he idealizado como a un dios
y he sido tu mártir.

Y de tanta penitencia
he renegado de ti
y me he pedido perdón.

Lamento mi error
pero ya no me duele
la culpa.

Yo también fui feliz conmigo
cuando me querías,
pero dejé de escribir.
Me sequé.

Hoy no paro de hacerlo.
Sufro escribiendo
pero sé que eso implica vivir.
Tu nunca quisiste sufrir.
No digo que yo lo hiciera mejor,
pero a mi al menos
no me doy miedo
esperar el golpe.

Quiero sanar la gran brecha que hiciste
y que haces.

Voy a extirparte
como a un tumor,
soportar el dolor
y hacerme más fuerte.

Así que ya no me refugio
y dejo que las olas golpeen.

Que todo duela
y no importe.
que todo me rompa,
me sople.

Esto es un réquiem por ti,
estoy esperando el día que te seques
aquí dentro
y pueda estriparte,
soplarte.

Dejarte ir.

Y aun así,
siempre serás el águila
que devore
todas las noches
mi hígado.

Que habría pasado si tu nunca te hubieras puesto en medio.

No te tengo delante,
no te estoy mirando
ni estoy a punto de besarte
pero

ojalá lo hiciera.
Te imagino con uno de esos vestidos blancos primaverales,
tu sombrero
y tus gafas.
Aún mantienes tu pelo corto y estás preciosa mientras vamos en bici,
por Paris.
En el cesto, guardas libros de segunda mano que acabamos de comprar.
Es un día soleado y hemos salido a la calle a disfrutarlo
porque vivimos bajo un cielo nublado,
es París.
Huele a polen y hay abejas por los jardines de los parques en que pasamos.
Te giras para verme mientras sonríes y dices algo para molestarme,
cariñosamente.
Pero no te escucho.
Estoy demasiado ocupada
pensando en cómo es posible que quisiera a otras personas
antes que tú.

Pienso
en todos los cuerpos que pasaron por mi vida
y que una vez amé,
-o no
hasta llegar donde estoy hoy,
aquí, contigo,
en un domingo cualquiera.

Pienso
en que ojalá no hubiera sido necesario
vivir todos aquellos amores,
más o menos tristes,
para llegar a ser exactamente lo que fui
cuando nos conocimos.
Pienso
en que ojalá no hubiera estado con cualquiera
por mi falta de amor,
en que ojalá no me hubiera creído enamorada tantas veces.

Así,
dándome cuenta con el tiempo,
que todo lo idealizaba en mi cabeza.

Por eso,
te miro y pienso
en todas las personas que una vez amé,
deseando que llevaran tu nombre
antes de conocerte.

-Te miro la nariz y sonríes, vuelves a decir algo, pero no puedo escucharte.-

Pienso en que habría pasado
si aquel día
no hubieras decidido ponerte en medio.

Supongo que habría seguido siendo feliz,
haciendo otras cosas,
en otra realidad muy distinta.

Jamás hubiera llorado tanto,
ni me habría traicionado tanto a mí misma.

Jamás le hubiera roto el corazón a nadie.
Y jamás me hubiera sentido en ruinas.

Pero lo hiciste
y no pude hacer oídos sordos a la música de aquel túnel.

Así lloramos,
así ardimos.

Y tras un soplo
nos dispersamos como ceniza.
-Estás leyendo tu libro recostada en un árbol, ya vencida por mi falta de atención.-
Pienso,
en qué habría pasado
si jamás te hubieras puesto en medio

Jamás habría crecido tanto
en tan poco tiempo.

Jamás habría aprendido tanto –de alguna forma-
de alguien que –no- solo
me aportaba caos,
en un primer momento.

Jamás habría sentido ese perdón
esa paz,
ese abrazo,
esa disculpa,
a pesar de todos–todos- mis errores.

Jamás podría haber descubierto
que había una persona en el mundo
que podría llegar a quererme así…

Enamorándose de mis errores
en mis aciertos
y de mis aciertos
en mis errores.

-Y así me di cuenta que ya no me importaba que hubiera pasado, porque ya nunca lo sabría.-

Así que
te miro mientras lees
y pienso…

Pienso en hubiera pasado
si tú nunca hubieras decidido ponerte en medio.

Y supongo que se resume en esto:

Que nunca habríamos estado aquí,
en París,
viviendo de poema en poema.

Así que
pienso que aunque no renuncie
y eche de menos a aquel presente que me arrebataste
–que dejé que lo hicieras-,
tengo suerte de este futuro contigo.

Tengo suerte de que te pusieras en medio.

Si tú nunca te hubieras puesto en medio,
no estaríamos aquí –París-,
y yo jamás estaría imaginándome esto.

Para vivir en el túnel sinestésico de tus canciones

Para vivir en el túnel sinestésico de tus canciones
es indispensable:

Noviembre,
diciembre
y enero.
– y una pizca de febrero-.

Quiero decir:
conocernos,
enredarnos
y arder.

Vivir con miedo
por no saber
lo que pasará
al día siguiente.

Ocultarnos
y callar gritando
que no podemos más,
mientras resistimos.

Hacer el amor en la trinchera
y vivir en la duda
de no saber
si te estás follando al enemigo.

Tirar bombas,
escondernos
dar un paso en falso
y que todo se desmorone
sin saber a quién traicionas,
al otro o a ti mismo.
Para vivir en el túnel sinestésico de tus canciones
es indiscutible:

Vivir la triste historia de tu cuerpo sobre el mío.

Besarnos con desesperación
por si acaso no se repetía
lo indudablemente repetible.

Tu virginidad,
mi tristeza,
nuestras ganas de existir.

Juntas, lejos de todo el caos
que pudimos evitar
pero que sin embargo,
fingimos como inevitable.
Para vivir en este túnel
hace falta el tedio
para observar
que en nuestro cuadro trágico
hubo grietas
repletas de matices felices
que compensaban todo el daño
como un combustible de resistencia.

Hace falta estudiar
la matemática de tu carne
un domingo cualquiera.

Hace falta tener hambre
y saciarla
hasta la raíz.

Hace falta no saber dónde está la mente
para que seas luz que llene a ráfagas
los huecos que encuentran
tus ojos agrandados.

Es indispensable:

Marzo,
abril
y mayo.

Nuestros llantos,
en el fondo,
repletos de alegría.

Es necesario,
porque somos necesarias.

Porque si,
porque la guerra es preciosa cuando la hago contigo.

Consideraciones acerca del estado de poema.

Me huele el mundo a ti. No me hace falta cerrar los ojos para saber que mi nariz huele a tu recuerdo. El mundo está en tu cuello, se adentra por los huecos más oscuros para plagarlo de luz y de paz como un agujero de gusano. Y yo le sigo, yo sigo al mundo porque también te sigo a ti. Eres la reina de la calma y yo no quiero andar en contradirección a la belleza. Por eso te busco y siempre te encuentro allí donde las cosas me hacen sonreír. Si retrocedo en el tiempo, el mundo huele a sábado. Estamos de poema dije. A veces la nada me huele a eso, a ese instante, como si pudiera tenerlo. Por eso el mundo me huele a ti. Supongo que he compartido tantos que no tardará el mundo a oler, siempre solo y solo a ti…

Hogar

Me gusta pensarte y sentir que estoy en casa.
Saber que hace frío en la calle
y si salimos
se nos congelarán las manos
o la nariz.

Me gusta notar esa calidez del hogar
y la familia
cuando no estoy con la mía.

La risa y la tranquilidad de que todo esta bien,
de que todo irá bien.
El olor a comida saliendo del horno,
la tele de fondo
con un programa al que nadie hace caso.

Yo le llamo hogar a ese calor que ahuyenta el frío,
a la tranquilidad
bañada de amor.

Al entrar en tu mundo y
no sentirme una extraña,
que entres en el mío
y lo sientas igual.

Que te tengan en cuenta los mios,
que pregunten por ti cuando no estés,
que yo responda todo esta bien,
si,
todo está bien.

Le llamo hogar a la confianza que nace del otro,
al amor porque sí.

A tu casa,
a tu hermana,
a tu perro.

Al hueco que lleno cuando te estoy besando,
a la cara sonrojada que formo
despues de abrazarte.

A desnudarme sin pudor,
a que no hagamos el amor si no queremos.

A la maravillosa contidianidad
que no se transforma rutina.

Al no me imagino un mundo sin ti,
porque me estarían quitando también mi casa,
porque también puedo quedarme huerfana.

Le llamo hogar a nuestras peleas,
a mis olvidos,
a no tengo tiempo de nada,
a he dormido 5 horas

A los bunkers,
los miradores,
a las ganas de sexo enfermizas,
al mi pánico práctico
y tu paciencia de reina
de la calma.

Le llamo hogar a esa felicidad que me impregna la vida
al quererte sin medida aunque te enfades.

A Gracia,
al chocolate espeso,
a las tardes de invierno,
al porro de las dos de la mañana,
a la hibridez de la fiesta que emana la bestia,
a Berga,
a Marc.

Te llamo hogar a ti
porque lo eres por encima de todas las cosas.

 

 

 

Atentado contra la tristeza:

Voy a mirarte a los ojos y a decirte que quites tus sucias manos de mi corazón. Hace ya mucho tiempo que yo y mi alma estamos cansados de que te introduzcas entre nuestros cielos y vengas a nublarnos de un terrible color gris que grasienta nuestra unión. Eres como una plaga que siempre vuelve para recordar que existe.

No hallarás más pasos en mi que devorar.

Me estoy destrozando tanto
que no serás tu quien me rompa primero.