Compañero de viaje, maestro.

A Jaime Gil de Biedma.

…Y yo te respondo:
Si,
toda la vida hemos estado aquí,
Jaime.

Nos miramos en silencio,
ebrios.
Tu pones la mano ante tus ojos,
y los cierras.
Estoy segura,
segura,
que ves algo,
mucho mas allá
de este cuadro que formamos.

Abres los párpados
y tu mirada perdida
se pierde
como dices
entre rostros vagos
nadando como en agua pálida.

Salgamos fuera.
Sobre nosotros,
la noche.

Y el silencio…
silencio.

Somos nosotros,
Jaime,
si,
somos nosotros.

Nosotros,
inmensos,
enormes…
y este beso
…igual que un largo túnel.

 

Sobre las sábanas de lana

Sobre las sábanas de lana,
como si de reyes se tratasen,
al compás de aquella jodida canción americana,
y yo mirándote a los ojos,
pidiendo tu verdad.

Y no había más verdad en tus ojos,
que aquel gemido débil,
que susurrabas en tu aroma
y una dudosa luna se asomaba
alumbrando mis destrozados vaqueros azules

Y tus inscribibles bellos años,
de juventud divina,
la tuya y la mía
perdida en aquel cuarto.

Y yo mirándote a los ojos,
pidiendo tu verdad,
y tú sin hacer caso,
devorándome la piel.
Y recuerdo aquella escena
con hiel en la garganta,
pues no me diste la verdad hasta el día en que te fuiste.

Y ahora pienso,
que al menos,
me besaste fuerte antes de irte.

Barcelona, 2015.