Hasta la raíz

Harta hasta la raíz de ser dependiente del amor de otras personas.

No entiendo a estas musas y siento haberme equivocado con ellas.

Separan su existencia, de la mía. Yo no puedo, yo no puedo querer así…

Porque cuando quiero, mi existencia se vincula en todo su esplendor a la de otra persona.

Porque yo no quiero algo así de independiente porque lo quiero y no lo quiero. Porque me agobio en esta unión y la rechazo. Porque la anhelo con toda mi fuerza, como si fuera una adicción. Porque quiero amar y ser amada con toda esa pasión que poseían los románticos, la pasión hasta el suicidio como acto de amor a la vida.
Porque ellas son visionarias de lo sensato como el juicio de este mundo, pero yo estoy enferma ¿o no lo veis?
Me entrego a la vida y a la emoción como una devota a cristo, pero para mí no hay más dios que la vida y su energía.

Carezco de voluntad hacia lo racional, que no me gusta, que no lo quiero. Me siento incomoda y extraña ante tanta lógica, tanta objetividad, ¡ante tanta salud!

Poseo la locura de un esquizofrénico atentando contra mi propia vida mientras la saboreo, en todo su dolor.

No existe mayor placer que lamer la agonía de un desesperado.

La sensación de horror ante un placer tan abrumante, tan desgarrador.

Que batallo en mi interior una guerra entre tanto amor y tanto odio que podría desangrar a un país entero.

Que hoy estoy abajo hablando con los muertos pero quizás mañana no pueda bajarme del trono de Dios.

No quiero pensar más, no quiero pensar más por favor… No puedo dejar de pensar, mi cabeza no puede dejar de repetir las mismas ideas una y otra vez, una y otra vez…

Me asfixio con manos invisibles.

Compañero de viaje, maestro.

A Jaime Gil de Biedma.

…Y yo te respondo:
Si,
toda la vida hemos estado aquí,
Jaime.

Nos miramos en silencio,
ebrios.
Tu pones la mano ante tus ojos,
y los cierras.
Estoy segura,
segura,
que ves algo,
mucho mas allá
de este cuadro que formamos.

Abres los párpados
y tu mirada perdida
se pierde
como dices
entre rostros vagos
nadando como en agua pálida.

Salgamos fuera.
Sobre nosotros,
la noche.

Y el silencio…
silencio.

Somos nosotros,
Jaime,
si,
somos nosotros.

Nosotros,
inmensos,
enormes…
y este beso
…igual que un largo túnel.

 

Sobre las sábanas de lana

Sobre las sábanas de lana,
como si de reyes se tratasen,
al compás de aquella jodida canción americana,
y yo mirándote a los ojos,
pidiendo tu verdad.

Y no había más verdad en tus ojos,
que aquel gemido débil,
que susurrabas en tu aroma
y una dudosa luna se asomaba
alumbrando mis destrozados vaqueros azules

Y tus inscribibles bellos años,
de juventud divina,
la tuya y la mía
perdida en aquel cuarto.

Y yo mirándote a los ojos,
pidiendo tu verdad,
y tú sin hacer caso,
devorándome la piel.
Y recuerdo aquella escena
con hiel en la garganta,
pues no me diste la verdad hasta el día en que te fuiste.

Y ahora pienso,
que al menos,
me besaste fuerte antes de irte.

Barcelona, 2015.