Para vivir en el túnel sinestésico de tus canciones

Para vivir en el túnel sinestésico de tus canciones
es indispensable:

Noviembre,
diciembre
y enero.
– y una pizca de febrero-.

Quiero decir:
conocernos,
enredarnos
y arder.

Vivir con miedo
por no saber
lo que pasará
al día siguiente.

Ocultarnos
y callar gritando
que no podemos más,
mientras resistimos.

Hacer el amor en la trinchera
y vivir en la duda
de no saber
si te estás follando al enemigo.

Tirar bombas,
escondernos
dar un paso en falso
y que todo se desmorone
sin saber a quién traicionas,
al otro o a ti mismo.
Para vivir en el túnel sinestésico de tus canciones
es indiscutible:

Vivir la triste historia de tu cuerpo sobre el mío.

Besarnos con desesperación
por si acaso no se repetía
lo indudablemente repetible.

Tu virginidad,
mi tristeza,
nuestras ganas de existir.

Juntas, lejos de todo el caos
que pudimos evitar
pero que sin embargo,
fingimos como inevitable.
Para vivir en este túnel
hace falta el tedio
para observar
que en nuestro cuadro trágico
hubo grietas
repletas de matices felices
que compensaban todo el daño
como un combustible de resistencia.

Hace falta estudiar
la matemática de tu carne
un domingo cualquiera.

Hace falta tener hambre
y saciarla
hasta la raíz.

Hace falta no saber dónde está la mente
para que seas luz que llene a ráfagas
los huecos que encuentran
tus ojos agrandados.

Es indispensable:

Marzo,
abril
y mayo.

Nuestros llantos,
en el fondo,
repletos de alegría.

Es necesario,
porque somos necesarias.

Porque si,
porque la guerra es preciosa cuando la hago contigo.

Queridx poeta:

 A todxs lxs poetas.

No puedes volver atrás
porque la vida te empuja
con un aullido interminable
a los senderos que te aguardan.

Quizás no encontrarás la gloria
en este tumulto de viajes
de idas y venidas
de la desesperanza

Te sonarán canciones
en lo más recóndito del cuerpo
y te dolerán sus notas
clavas en la garganta

Pero la vida nos empuja
a verbos en pijama
que sanan nuestras ansias
por cesar nuestro dolor

Así que queridísimo escritor,
acuérdate de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso:

La poesía es un alma cargada de futuro.

Hasta la raíz

Harta,
hasta la raíz
de ser dependiente
del amor
de otras personas.

No entiendo a estas musas
y siento haberme equivocado con ellas.

Separan su existencia,
de la mía.
Yo no puedo,
yo no puedo…

Porque cuando quiero,
se vincula mi existencia
en todo su esplendor

Yo no quiero algo
así de independiente
…porque lo quiero
y no lo quiero,
porque me agobio en esa unión
y la rechazo.

Porque la anhelo con toda mi fuerza,
como si fuera una adicción.
Porque quiero esa pasión
que poseían los románticos:
Pasión hasta el suicidio como acto de amor a la vida.

Ellas visionan lo sensato
como el juicio de este mundo,
pero yo estoy enferma
¿o no lo veis?

Me entrego a la vida y a la emoción
como una devota a algo,
carezco de voluntad hacia lo racional,
porque no lo quiero,
porque no me gusta

Me siento incómoda
y extraña
ante tanta lógica,
tanta objetividad,
¡ante tanta salud!

Poseo la locura de un esquizofrénico
atentando contra mi propia vida
mientras la saboreo,
en todo su dolor.

No existe mayor placer
que lamer la agonía
de un desesperado.

La sensación de horror
ante un placer tan abrumante,
tan desgarrador.

Que batallo en mi interior una guerra
entre tanto amor y tanto odio
que podría desangrar a un país entero.

Que hoy estoy abajo
hablando con los muertos
pero quizás mañana no pueda bajarme del trono de Dios.

No quiero pensar más,
no quiero pensar más
por favor…

No puedo dejar de pensar,
no puedo dejar de repetir las mismas ideas
una y otra vez,
una y otra vez…

Me asfixio con manos invisibles.

 

Barcelona, 2016.
Cuadro: JOHN E. MILLAIS (1829-1896):  Ophelia  (1852)

Ultimátum

A veces la vida se detiene
cuando oye tu nombre.
Todo se convierte en un conjunto estático,
todo para,
todo se abandona…

Yo me propongo abandonarme
dentro del olvido
y no puedo,
siempre hay algo que duele,
que rasga,
que me condiciona…

Las partículas del polvo
están suspendidas en el aire.

Somos lo minúsculo
ante el abismo de los estímulos terrenales.

La insignificancia de mi materia
se aterra
ante ti,
tu recuerdo
o lo que queda de él.

El pulso se dispara,
el corazón se dilata
y bombea,
quiere reventarme el tórax,
salir del pecho
y esconderse en un lugar más frío.

Vuelve
o no vuelvas a llamarme.

 

 

Somos tú y soy yo

Somos tú, y soy yo,
muy tarde ya en la noche,
dos locos conociéndome,
enloqueciendo.

Somos yo, y soy tú,
muy tarde ya en la fiesta,
dos locos como ardiendo,
incandescentes.

¿Eres tú o soy yo?
Muy tarde ya en el tiempo,
dos locos en el cielo,
idolatrándose.

¿Eras yo o era tú?
Muy tarde ya en un beso,
dos locos recordando,
arrepintiendo.

¿Eres tú? ¿quien soy yo?
Muy tarde ya en el alba,
dos locos algo cuerdos,
para vivir de sus recuerdos.

¿Quien eres tú?
Muy tarde en el olvido,
te marchas y te largas,
luciendo marcas en el cuello.

Somos tú y soy yo,
muy tarde ya en la noche,
dos locos cual bohemios,
entre los abismo de este infierno.

Barcelona, 2014.

Cuadros:  Lovers-II, Egon Schiele.